La generación perdida

7 de Septiembre del 2020

“La generación perdida”: ¿Cómo salvar el futuro de nuestros niños?

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El COVID-19 ha afectado la vida de todo el mundo, pero de una manera muy especial -y peligrosa- la de los niños.

La enfermedad no suele ser muy dura con ellos, pero la pandemia sí puede enfermar su mente.

El estrés y la cuarentena los ha puesto en un mundo nuevo, en el que todo está fuera de su control y hasta los más cotidianos rituales de sus vidas se han modificado. La gran mayoría está encerrada en espacios pequeños, sin amigos ni posibilidad de jugar libremente.

Y además de la enfermedad en sí, está el miedo a ella.

Los más sensibles se preocupan muchísimo por la salud de sus padres y de sus abuelos, y esa angustia puede reflejarse en cambios de conducta y regresiones a etapas anteriores de su desarrollo.

A esto se suma que millones de familias están sufriendo por la falta de ingresos económicos en economías semi paralizadas y, en estas condiciones, muchos niños se han convertido en proveedores adicionales de recursos.

Las declaraciones de Henrietta Fore, directora Ejecutiva de UNICEF, resaltan que los niños y jóvenes son algunas de las víctimas a las que más duramente afectará el virus y hace un llamado urgente para abordar las consecuencias y daños permanentes que causará en los niños y en nuestro futuro común.

Los especialistas en educación del mundo entero están cada vez más preocupados por la posibilidad de que los niños de hoy se conviertan en una generación perdida, al revertirse los logros acumulados a nivel mundial en incrementos del nivel educativo, reducción en las tasas de natalidad y mejoría en la salud pública.

Casi 300 líderes mundiales escribieron una carta abierta advirtiendo sobre el peligro de que toda una generación de niños se quede con una educación muy limitada debido a las interrupciones causadas por la pandemia de coronavirus.

Las advertencias se empezaron a escuchar desde que Covid-19 obligó a más de mil millones de estudiantes en 160 países a dejar la escuela y utilizar el aprendizaje a distancia, algo prácticamente imposible para la población más desfavorecida.

La pandemia ha ampliado las brechas de rendimiento entre los estudiantes de bajos y altos ingresos y, según un informe de la Unesco, es posible que 30 millones de niños en el mundo nunca regresen a la escuela.

En nuestro país, con la cancelación indefinida de la educación presencial a nivel nacional, se estableció un programa para transmitir instrucción académica por televisión y radio, ya que las clases en línea no son una opción para el 40% de los hogares, que carecen de conexión a Internet.

A esto hay que agregar que los padres de miles de estas familias difícilmente pueden apoyar a sus hijos en el aprendizaje, por su propia falta de preparación.

Es urgente reforzar nuestro compromiso y nuestras inversiones en materia educativa. Nos corresponde dar prioridad a las políticas públicas que impulsen el empleo y los servicios de salud, nutrición y educación.

Es necesario estar muy alertas, porque al mismo nivel que la contención del COVID-19 y reconstrucción de la economía, tiene que estarla atención a los niños más vulnerables del país, ya que su abandono tendría terribles consecuencias para la nación en el mediano plazo.

Si no repensamos radicalmente lo que hemos estado haciendo, podemos perder una gran oportunidad y nuestros hijos tendrán que vivir con las consecuencias de esto no solo durante un par de años, sino por el resto de sus vidas.

Ese es el enorme reto de quienes estamos en el servicio público.

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